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Menecio

Menecio

En la mitología griega el nombre Menecio puede refirerse: # Un titán, hijo de Jápeto y Asia y hermano por tanto de Prometeo y Epimeteo. Fue asesinado por los dioses olímpicos por no apoyarles en la Titanomaquia. # Un rey griego, padre de Patroclo. # El pastor del dios Hades. Categoría:Mitología griegaCategoría:Titanes

Mitología griega

La mitología griega comprende la colección de relatos sobre dioses griegos y héroes antiguos, originalmente creada y difundida dentro de la tradición oral y poética de esta antigua civilización del Mediterráneo oriental. Las fuentes conservadas de la mitología son reelaboraciones literarias de esta tradición oral, complementadas por interpretaciones de los iconos, a veces modernas y a veces antiguas, pues el mito era un medio que los propios griegos posteriores usaron para arrojar luz sobre prácticas religiosas y tradiciones que no eran ya explicables. El historiador debe deducir a veces a partir de indicios en la imaginería, tales vasijas pintadas, y de referencias hechas de pasada el reconocimiento de temas mitológicos tácitamente expresados en prácticas religiosas. Aunque los griegos no eran religiosos, sí conocían estas historias que formaban parte de su acervo cultural. Los temas generales relacionados con el estudio de los mitos se discuten en el artículo mitografía. En sus diversas leyendas, historias e himnos los dioses de la Grecia Antigua son todos descritos como humanos en apariencia: los pocos seres quiméricos como la Esfinge son todos oriundos de Oriente Próximo o Anatolia. Los dioses griegos pueden tener mitos sobre su nacimiento pero no envejecen. Son casi inmunes a todas las heridas y enfermedades, capaces de volverse invisibles, viajar grandes distancias casi instantáneamente y hablar a través de seres humanos con o sin su conocimiento. Cada deidad tenía su propia apariencia específica, genealogía, intereses, personalidad y área de especialidad. Sin embargo, estas descripciones emanan de una multitud de variantes locales arcaicas que no siempre coincidían entre ellas. Cuando se aludía a ellas en la poesía o la oración, se hacía mediante una combinación de su nombre y epítetos, que los identificaban por estas distinciones del resto de los dioses. Estos epítetos pueden reflejar un aspecto particular del papel del dios, como Apolo Musageta es «Apolo, [como] jefe de las Musas». Alternativamente el epíteto puede identificar un aspecto particular o local del dios, a veces se cree que arcaico ya durante la época clásica de Grecia. En los relatos míticos, estos seres son descritos como una larga familia multigeneracional. Sus miembros más viejos crearon el mundo tal como lo conocemos, pero fueron derrotados por las siguientes generaciones. Los dioses olímpicos más familiares de la religión y el arte griegos antiguos se habrían aparecido en persona a los griegos, según se describe en los poemas épicos, durante la «edad de los héroes». Proporcionaron a los belicosos antepasados de los griegos un número limitado de milagros, enseñándoles una selección de habilidades útiles y los métodos de adoración a los dioses, premiaron la virtud y castigaron el vicio, y engendraron hijos con humanos. Al igual que los hombres, los dioses helenos eran impredecibles y por eso unas veces tenían un estricto sentido de la justicia y otras eran crueles y vengativos. Su favor se alcanzaba por medio de los sacrificios y de la piedad, pero estos procedimientos no eran siempre efectivos puesto que los dioses eran muy volubles. La mitología griega comparte una estrecha similitud con la romana, en cuanto a los nombres de varios dioses y personajes de importancia. También se relacionan en lo concerniente a la parte mitológica de la religión: creencias, tradiciones y todo lo ligado o referente a mitología.

Naturaleza y fuentes de la mitología griega

Aunque todas las culturas del mundo tienen sus propios mitos, el término mitología es de acuñación griega, y tenía un significado especializado dentro de su cultura. El término griego muthologia está compuesto de dos palabras:
- muthos, que en griego homérico significa aproximadamente «un acto de habla ritualizado», como el de un jefe en una asamblea, o el de un poeta o sacerdote.
- logos, que en griego clásico significa «una historia convincente, una argumentación ordenada». En su acepción original, por tanto, una mitología es un intento de dar sentido a las narraciones estilizadas que los griegos recitaban en las fiestas, susurraban en los altares y contaban en los banquetes aristocráticos. Dado que hay pocos hombres más propensos a reñir que los poetas, los sacerdotes y los aristócratas, las contradicciones son abundantes. Más aún: son parte de la diversión. acto de habla: la Guerra de Troya formaba el contexto de varios ciclos de la mitología griega. El pene expuesto de Patroclo revela el aspecto sexual de su relación. Tales relaciones eran un elemento común en la mitología griega, siendo notable la de Zeus, rey de los dioses, con Ganimedes.]] Se dispone de varios tipos de fuentes primarias para el estudio de la mitología griega: # La poesía de las eras arcaica y clásica, compuesta principalmente para ser representada en los festivales de culto o los banquetes aristocráticos, y por tanto parte del muthos en el sentido homérico (véase La naturaleza de la mitología griega más arriba). Se incluye aquí: #
- La Odisea, La Ilíada y los himnos de Homero. #
- La Teogonía de Hesíodo. #
- Las obras dramáticas de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes. #
- Los himnos corales de Píndaro y Baquílides. # Las obras de historiadores como Herodoto y Diodoro Siculo y geógrafos como Pausanias y Estrabo, que viajaron por todo el mundo griego y escribieron las historias que oían en las distintas ciudades. # Las obras de mitógrafos, que escribieron tratados en prosa basados en las investigaciones realizadas para intentar reconciliar las historias contradictorias de los poetas. La biblioteca de Apolodoro de Atenas es el ejemplo conservado más extenso de este género. # La poesía de las edades helenística y romana, que aunque compuestas más como un ejercicio literario que cultural, contienen sin embargo detalles importantes que de otra forma se habrían perdido. Esta categoría incluye las obras de: #
- Los poetas helenísticos Apolonio de Rodas y Calímaco. #
- Los poetas romanos Higino, Ovidio, Estacio, Valerio Flaco y Virgilio. #
- Los poetas griegos de la Antigüedad Tardía Nono y Quinto de Esmirna. #
- Las novelas antiguas de Apuleyo, Petronio, Lolliano y Heliodoro.

Visión general

El ámbito de la mitología griega es enorme. Se extiende desde los horrendos crímenes de los primeros dioses y las sangrientas guerras de Troya y Tebas hasta las infantiles travesuras de Hermes y la conmovedora pena de Deméter por Perséfone. Las legiones de dioses y diosas, héroes y heroínas, monstruos, daimones, ninfas, sátiros y centauros que uno encuentra al atravesar este vasto paisaje son incontables. Algunos estudiosos afirman que llegó a haber hasta 30.000 divinidades en total. La mitología griega tiene una cronología interna aproximada. Aunque las contradicciones en las fuentes hacen imposible una cronología absoluta, puede dividirse aproximadamente en: #una edad de los dioses, #otra edad en la que los hombres y los dioses se mezclaban libremente, y #otra edad de los héroes en la que la actividad divina era más limitada. Mientras los mitos de la edad de los dioses han sido con frecuencia más interesantes para los estudiantes de la mitología contemporáneos, los autores griegos de las eras arcaica y clásica tuvieron una clara preferencia por los de la edad de los héroes: las heroicas Ilíada y Odisea, por ejemplo, empequeñecían a la Teogonía y a los himnos homéricos, centrados éstos en los dioses, tanto en extensión como en popularidad.

La edad de los dioses

himnos homéricos.]] Como sus vecinos, los griegos creían en un panteón de dioses y diosas que estaban asociados con los aspectos específicos de la vida. Por ejemplo, Afrodita era la diosa del deseo sexual, mientras que Ares era el dios de la guerra y Hades el de los muertos. Algunas deidades como Apolo y Dioniso revelaban personalidades complejas y mezcolanza de funciones, mientras otros como Hestia (literalmente «hogar», «chimenea») y Helios (literalmente «sol») eran poco más que personificaciones. Había también deidades específicas de un lugar, tales como dioses de los ríos y ninfas de manantiales y cuevas, y también se veneraban las tumbas de héroes y heroínas locales. Aunque había cientos de seres que podrían ser considerados «dioses» o «héroes» en uno u otro sentido, algunos figuraban sólo en el folclore o eran honrados localmente en lugares (por ejemplo Trofonio) o festivales (por ejemplo Adonis) particulares. Los principales lugares de culto, los grandes templos, eran dedicados mayoritariamente a un pequeño círculo de dioses, sobre todo los olímpicos, Heracles y Asclepio, y en algunos lugares Helios. Estas deidades era el centro de los grandes cultos panhelénicos. Muchas regiones y determinadas poblaciones tenían sus propios cultos centrados en las ninfas, los dioses menores y héroes desconocidos en otros lugares. La mayoría de las ciudades también adoraban a los principales dioses con ritos locales característicos y tenían sus propias leyendas sobre ellos.

Los primeros dioses

Un tipo de narrativa sobre la edad de los dioses cuenta la historia del nacimiento y los conflictos de las primera divinidades: Caos, Nix (Noche), Eros (Amor), Urano (el Cielo), Gaia (la Tierra), los Titanes y el triunfo de Zeus sobre los olímpicos. La Teogonía de Hesíodo es un ejemplo de este género. Sobre estos temas giran también muchos poemas hoy perdidos, incluyendo unos atribuidos a Orfeo, Museo, Epiménides, Abaris y otros legendarios profetas, que se usaban en rituales privados de purificación y en ritos misteriosos. Unos pocos fragmentos de estas obras se conservan en citas de filósofos neoplatónicos y fragmentos de papiro recientemente desenterrados. El pensamiento griego antiguo sobre poesía consideraba la teogonía, o canción sobre el nacimiento de los dioses, como el género poético prototípico —el muthos prototípico— y le atribuían poderes casi mágicos. Orfeo, el poeta arquetípico, era también el arquetipo de cantante de teogonías, que usaba para calmar mares y tormentas en la Argonáutica, y para conmover los pétreos corazones de los dioses del inframundo en su descenso al Hades. Cuando Hermes inventa la lira en el Himno Homérico a Hermes, lo primero que hace es cantar el nacimiento de los dioses. La Teogonía de Hesíodo no es sólo el relato sobre los dioses conservado más completo, sino también el relato conservado más completo de la función arcaica de los poetas, con su larga invocación preliminar a las Musas.

Nuevos dioses

Otro tipo cuenta la historia del nacimiento, penas y hazañas, y eventual ascenso al Olimpo de alguno de los dioses de la generación más joven: Apolo, Hermes, Atenea, etcétera. Los himnos homéricos son la fuente más antigua de esta clase de historias. Están con frecuencia estrechamente relacionados con los centros de culto del dios en cuestión: el Himno homérico a Apolo está compuesto de dos narraciones anteriores, contando una su nacimiento en Delos y la otra su establecimiento en el oráculo de Delfos. Similarmente, el Himno homérico a Deméter, con su cuento del rapto de Perséfone por Hades, narra el origen de los misterios eleusinos.

La edad de los dioses y los hombres

Entre la edad en la que los dioses vivían solos y la edad en la que la interferencia divina en los asuntos humanos era limitaba se extiende una edad de transición en la que los dioses y los hombres se mezclaban libremente. El tipo más popular de narrativa que enfrenta a los dioses con los primeros hombres cuenta la seducción o violación de una mujer mortal por parte de un dios (con frecuencia Zeus), resultando en uno o más hijos héroes. En unos pocos casos, una divinidad femenina se empareja con un hombre mortal, como en el Himno homérico a Afrodita, donde la diosa yace con Anquises concibiendo a Eneas. El matrimonio de Peleo y Thetis, del que nació Aquiles, es otro de estos mitos. Otro tipo narra la apropiación o invención de algún artefacto cultural importante, como cuando Prometeo roba el fuego a los dioses, cuando éste o Licaón inventa los sacrificios, cuando Tántalo roba néctar y ambrosía de la mesa de Zeus y los da a sus propios súbditos revelándoles los secretos de los dioses, cuando Deméter enseña la agricultura y los Misterios a Triptolemo, o cuando Marsias inventa el aulos y se enfrenta en un concurso musical con Apolo. Un último tipo trata sólo sobre Dioniso: este dios vaga por toda Grecia desde los países extranjeros para difundir su culto. Se enfrenta con un rey, Licurgo o Penteo, que se opone a él, y a quien castiga terriblemente por ello.

La edad de los héroes

La edad de los héroes puede dividirse por los sucesos monumentales de la expedición argonáutica y la Guerra de Troya. Ésta marca el final aproximado de la edad heroica.

Los primeros héroes

Entre los héroes, Heracles es prácticamente una clase por sí mismo. Sus fantásticas hazañas en solitario, con sus muchos temas de folclore, proporcionaron mucho material a las leyendas populares. Su enorme apetito y su carácter rústico también hicieron que fuese un personaje popular en las comedias, mientras su lamentable final proporcionó mucho material para las tragedias. Los otros miembros de la primera generación de héroes, como Perseo y Belerofonte, tienen muchos rasgos en común con Heracles. Como él, sus hazañas son en solitario, fantásticas y bordeando el cuento de hadas, pues mataron monstruos como la Medusa y la Quimera. Esta generación no fue tan popular entre los poetas, y sabemos sobre ella principalmente a través de los mitógrafos y los comentarios casuales de los escritores de prosa. Fueron, sin embargo, tema favorito del arte visual.

La generación de los argonautas

Casi todos los miembros de la siguiente generación de héroes, además de Heracles, fueron con Jasón en la expedición para buscar el vellocino de oro. Esta generación también incluía a Teseo, que fue a Creta a matar al Minotauro, a Atalanta, la heroína femenina, y a Meleagro, quien una vez tuvo un ciclo épico propio que rivalizaba con La Ilíada y La Odisea.

Crímenes reales

Entre el Argo y la Guerra de Troya hubo una generación conocida principalmente por sus horrendos crímenes. Éstos incluyen los hechos de Atreo y Tiestes en Argos, y también los de Layo y Edipo en Tebas, que llevaron al saqueo final de la ciudad a manos de Los siete contra Tebas y los Epígonos. Por razones obvias, esta generación fue extremadamente popular entre los escritores de tragedias atenienses.

Troya y sus secuelas

Epígonos Como punto de inflexión entre la edad de los héroes y los que los griegos consideraban el periodo histórico, la Guerra de Troya, sus preludios y epílogos, sobrepasan al resto de toda la edad en lo que se refiere a la cantidad de fuentes disponible. El ciclo troyano incluye:
- Los sucesos que llevan a la guerra: el juicio de Paris, el rapto de Helena y el sacrificio de Ifigenia en Aulis.
- Los sucesos de La Ilíada, incluyendo la disputa de Aquiles con Agamenón y las muertes de Patroclo y Héctor.
- El ardid del caballo de Troya y la destrucción de Troya.
- Los regresos al hogar de los héroes de Troya, incluyendo el vagabundeo de Odiseo y el asesinato de Agamenón.
- Los hijos de la generación troyana, como Orestes y Telémaco.

Teorías sobre sus orígenes

En la antigüedad, autores como Herodoto especulaban que los griegos había tomado prestados todos sus dioses de los egipcios. Posteriormente, los escritores cristianos intentarían explicar el paganismo helénico como degeneración de la religión bíblica. Sin embargo, en los siglos XIX y XX las ciencias de la arqueología y la lingüística surgieron para llegar a los orígenes de la mitología griega. Por una parte, la lingüística histórica muestra que ciertas partes del panteón griego fueron heredadas de la civilización indoeuropea junto con las raíces del idioma griego. Así, por ejemplo, el nombre Zeus es un cognado del latín Júpiter, el sánscrito Dyaus y el germánico Tyr (ver Dyeus), así como Urano con el sánscrito Varuna. En otros casos, paralelos cercanos de carácter y funciones sugieren una herencia común, aunque la falta de evidencia lingüística hace difícil probarla, como en el caso de las Moiras griegas y las Nornas de la mitología nórdica. Por otra, la arqueología ha mostrado la extensa apropiación por parte de los griegos de las civilizaciones de Asia Menor y Oriente Próximo. Cibeles es un claro ejemplo de apropiación de la cultura anatolia, mientras Afrodita toma muchos de sus títulos e iconografía de diosas del mundo semítico como Ishtar y Astarté. Estudios textuales revelan múltiples capas en las historias, tales como apartes secundarios que llevan a Teseo a los doce trabajos de Heracles. Se cree que tales historias sobre epónimos tribales tienen su origen en los intentos de absorber la mitología de una tradición en otra, con el fin de unir ambas culturas. Además de los orígenes indoeuropeos y de Oriente Próximo, algunos investigadores han especulado sobre las deudas de la mitología griega con las aún poco estudiadas sociedades prehelénicas de Grecias, tales como los minoicos y los llamados pelasgos. Esto es especialmente cierto en el caso de las deidades ctónicas y las diosas madre. Para algunos, las tres generaciones principales de dioses en la Teogonía de Hesíodo (Urano, Gaia, etcétera; los Titantes y los Olímpicos) sugieren un lejano eco de la lucha entre grupos sociales, reflejando las tres principales culturas desarrolladas en la civilización griega: minoicos, micénicos y helénicos. Los extensos paralelismos entre la narrativa de Hesíodo y el mito hurrita de Anu, Kumarbi y Teshub hace muy probable que la historia sea una adaptación de material tomado prestado, más que un registro histórico distorsionado. Los paralelos entre las primeras generaciones divinas (Caos y sus hijos) y Tiamat en el Enuma Elish son posibles (Joseph Fontenrose, Pitón: Un estudio del mito délfico y sus orígenes, NY, Biblo-Tannen, 1974). Investigadores jungianos como Karl Kerenyi han preferido ver el origen de los mitos griegos (y de los sueños) en arquetipos universales. Aunque no todos los lectores están seguros de las interpretaciones de la mitología en los términos de la psicología de los sueños de Carl Jung (como las de Kerenyi o Campbell), la mayoría coincide en que los mitos parecen sueños en dos aspectos: no son consistentes, quizás incluso ni completamente consistentes dentro de un único mito, y a menudo reflejan alguna experiencia pasajera de la esencia del dios, alguna epifanía, que debe entonces ser encajado en un hilo narrativo, de forma parecida a como los sueños se recrean como sucesos secuenciales. En definitiva, los orígenes de la mitología griega siguen siendo una fascinante cuestión abierta.

Creencia de los griegos en sus mitos

Para los griegos, la mitología era una parte de su historia, dudando pocos de que el relato de la Guerra de Troya en La Ilíada y La Odisea tenía una base verdadera. Los griegos usaban los mitos para explicar fenómenos de la naturaleza, diferencias culturales, enemistades y amistades tradicionales. Era una fuente de orgullo ser capaz de seguir la propia ascendencia hasta un héroe mitológico o un dios. Por otra parte, filósofos como Jenófanes comenzaban ya en el siglo VI adC a etiquetar las historias de los poetas como mentiras blasfemas. Esta línea de pensamiento encontró su expresión más radical en La República y las Leyes de Platón. Más deportivamente, el escritor de tragedia del siglo V adC Eurípides jugó frecuentemente con las viejas tradiciones, burlándose de ellas, e infundiendo notas de duda a través de la voz de sus personajes. En otros casos, Eurípides parece estar dirigiendo críticas mordaces al comportamiento de sus dioses. Los poetas, especialmente en el Imperio Romano tardío, adaptaban a menudo las historias de los personajes de la mitología griega de forma que no reflejaban creencias reales anteriores. Muchas de las más populares versiones de estos mitos que hoy tenemos eran en realidad estas interpretaciones y no las creencias originales.

Racionalismo helenístico

El giro escéptico de la edad clásica se hizo incluso más pronunciado en el período helenístico. Más audazmente, el mitógrafo Euhemero afirmaba que las historias sobre los dioses no eran más que confusos recuerdos de la crueldad de antiguos reyes. Aunque las obras de Euhemero se han perdido, interpretaciones en su estilo se encuentran con frecuencia en Diodoro Siculo. Las hermenéuticas racionalizadoras de la mitología se hicieron aún más populares en la época del Imperio Romano, gracias a las teorías fisicalistas de la filosofía estoica y epicúrea, así como a la inclinación pragmática del pensamiento romano. El anticuario Varro, resumiendo siglos completos de tradición filosófica, distinguía tres tipos de dioses:
- Dioses de la naturaleza: personificaciones de fenómenos tales como la lluvia y el fuego.
- Dioses de los poetas: inventados por bardos sin escrúpulos para incitar las pasiones.
- Dioses de la ciudad: inventados por sabios legisladores para tranquilizar e iluminar al pueblo. De Natura Deorum de Cicerón es el resumen más exhaustivo de esta línea de pensamiento.

Tendencias sincréticas

Un efecto secundario inesperado del punto de vista racionalista fue una tendencia popular a sincretizar los múltiples dioses griegos y extranjeros en nuevos cultos extraños y casi irreconocibles. Si Apolo y Serapis y Sabacio y Mitras eran todos en realidad Helios, ¿por qué no combinarlos todos juntos en un Deus Sol Invictus, con ritos conglomerados y atributos compuestos? La colección de himnos órficos y la Saturnalia de Macrobio, conservadas desde el siglo II, son productos de esta forma de pensar. Pero aunque en la religión Apolo podía ser cada vez más identificado con Helios o incluso con Dioniso, los textos recapitulando sus mitos rara vez reflejaban estas evoluciones. La mitología literaria tradicional estaba cada vez más disociada de las prácticas religiosas reales.

Intérpretes modernos

Una bibliografía de obras modernas sobre mitología griega, comenzando por la Genealogia degli Dei de Gentili de Bocaccio, puede encontrarse en el [http://homepage.mac.com/cparada/GML/Bibliography2.html Greek Mythology Link] (inglés) de Carlos Parada. Los artífices de la mitografía y hermenéutica modernas son, en un aproximado orden cronológico:
- Thomas Bulfinch
- Johann Jakob Bachofen
- James George Frazer
- Jane Ellen Harrison
- Walter Burkert
- Otto Rank
- Carl Jung
- Walter Otto
- Edith Hamilton
- Karl Kerenyi
- Robert Graves
- Claude Lévi-Strauss
- Michael Grant
- Joseph Campbell
- Timothy Gantz
- H. R. Rose

Véase también


- Odiseo
- Genealogías de la mitología griega
- Religión griega

Artículos relacionados


- Mitología
- Paganismo
- Mitología romana
- Religión romana

Enlaces externos


- [http://homepage.mac.com/cparada/GML Greek Mythology Link] de Carlos Parada (inglés)
- [http://www.theoi.com/ Theoi Project], una guía del antiguo panteón griego (inglés)
- [http://www.pantheon.org Encyclopedia Mythica] (inglés)
- [http://www.kelpienet.net/rea Rea - Mitología griega]
- [http://www.perseus.tufts.edu/cache/perscoll_Greco-Roman.html Perseus Digital Library], colección de textos completos de fuentes clásicas y comentarios sobre literatura, filosofía e historia griegas, romanas y modernas (inglés)

Referencias

Las fuentes principales de la mitología griegas son Homero, Hesíodo, los dramaturgos griegos, Píndaro, Apolonio de Rodas, Apolodoro, y los latinos Ovidio, Higino y Nono. Las fuentes secundarias más consultadas en inglés incluyen:
- Walter Burkert (1985) Religión griega, Harvard University Press, 1985
- Robert Graves, Los mitos griegos, 1955
- Lenardon, R. y M. Morford, Mitología clásica: Séptima edición, Oxford 2002.
- Carl Ruck y Danny Staples, El mundo de los mitos clásicos, 1994
- Karl Kerenyi, Los dioses de los griegos, 1951
- Karl Kerenyi, Los héroes de los griegos, 1959 Estudios influyentes más específicos incluyen:
- Gregory Nagy, Lo mejor de los aqueos, Johns Hopkins, 1979.
- Jane Ellen Harrison, Prolegómenos al estudio de la religión griega, 1903
- Karl Kerenyi, Eleusis: imagen arquetípica de madre e hija, 1967
- Karl Kerenyi, Dioniso: imagen arquetípica de vida indestructible, 1976 Categoría:Mitología griega Categoría:Grecia ja:ギリシア神話 ko:그리스 신화

Jápeto

En la mitología griega, Jápeto (en griego Ίάπετος Iápetos; en latín Îápetus), era un titán hijo de Urano y Gaia. Fue padre de Atlas, Prometeo (a través de quien sería ancestro de la raza humana), Epimeteo y Menecio, a quien Zeus mataría en la Titanomaquia. Su descendientes son a menudo llamados por las formas patronímicas Iapetidae, Iapetionidae y la femenina Iapetionis. Según Apolodoro (i.2§3) la esposa de Jápeto era una oceánide (hija de Océano y Tetis) llamada Asia, si bien otras fuentes afirma que la oceánide se llamaba Clímene, e incluso tras le emparejaba con Tetis, Asopis o Libia. Higino, que confunde a los Titanes y los Gigantes, hacía a Jápeto uno de estos, y le llamaba hijo de Tártaro. Homero menciona en La Ilíada (8.479) que fue encarcelado con Crono en el Tártaro y Silio Itálico cuenta que estaba enterrado bajo la isla de Inarime. En la obra de Esquilo Prometeo encadenado (Προμηθεύς δεσμώτης), Prometeo es hijo de la diosa Temis, y aunque no se nombre a su padre, al menos Atlas sigue apareciendo como hermano suyo. Dado que la mayoría de los Titanes consentían el matrimonio entre hermanos, podría ser que Esquilo se valiera de una vieja tradición en la que Temis era esposa de Jápeto y que la tradición hesíodica prefiriese que tanto Temis como Mnemósine fueran consortes sólo de Zeus. Sigue siendo sin embargo bastante corriente en las costumbres aqueas que Zeus hubiera tomado como amantes a las esposas de los Titanes tras derrotar a sus maridos. Pausanias (8.27.15) escribió sobre otro personaje llamado Jápeto: :Como ya he relatado, el límite entre Megalópolis y Herea está en el nacimiento del río Boufago. El río tomó su nombre, dicen, de un héroe llamado Boufago, hijo de Jápeto y Tornax. Así le llaman también en Laconia. También dicen que Artemisa disparó a Boufago en el monte Foloe porque intentó cometer un pecado sacrílego contra su divinidad. El Boufago es un afluente del Alfeo, Tornax es un montaña entre Esparta y Selasia, y las Foloe son unas montañas entre Arcadia y Elis. Estéfano de Bizancio cita a Atenodoro de Tarso: :Anquiale, hija de Jápeto, fundó Anquiale (una ciudad cerca de Tarso): su hijo fue Cidno, quien dio su nombre al río de Tarso: el hijo de Cidno fue Partenio, por quien la ciudad fue llamada Partenia: más tarde el nombre se cambió a Tarso. Esta puede ser la misma Anquiale que aparece en la Argonáutica (1.1120f): :Y cerca apilaron un altar de pequeñas piedras, y coronaron sus frentes con hojas de roble y procedieron al sacrificio, invocando a la Madre Díndima, la Más Venerable, Moradora de Frigia, Ticia y Cileno, quien sola entre muchos de los que se llaman jueces del destino y procuradores de la Madre Idea (de los Ideos Dáctilos de Creta), a quien una vez la ninfa Anquiale, mientras sujetaba con ambas manos la tierra de Axos, descubrió en la cueva de Dicte. A veces se equipara a Jápeto con Jafet, el hijo de Noé, por la similitud entre ambos nombres y porque sus mitos coinciden. Según Robert Graves: :La identificación de la Atlántida con Faros explicaría por qué Atlas es descrito a veces como hijo de Jápeto y otras veces como hijo de Posidón, patrono de los navegantes griegos. Noé es Deucalión (quien sobrevivió al diluvio universal) y aunque en el mito griego Jápeto aparece como abuelo de Deucalión, esto podría significar, sencillamente, que era el antepasado epónimo de la tribu cananea que llevó a Grecia la leyenda mesopotámica del diluvio (más bien que la leyenda atlántica).

Referencias


- James Smith, Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, 1870 ([http://ancientlibrary.com/smith-bio/1660.html ii.552])

Enlaces externos


- [http://www.theoi.com/Titan/TitanIapetos.html Theoi Project - Iapetos] (inglés) Japeto ja:イアペトス

Prometeo

En la mitología griega, Prometeo (en griego Προμηθεύς, «previsión», «prospección») es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de un hinojo y darlo a los humanos para su uso.

Adoración

Como introductor del fuego e inventor del sacrificio Prometeo es considerado el protector de la civilización humana. Fuentes inciertas afirman que fue adorado en la Antigua Roma. En Atenas Prometeo tenía un altar en la Academia de Platón (Pausanias i.30§2), desde donde partía una carrera de antorchas celebrada en su honor por la ciudad, en la que ganaba el primero que alcanzaba la meta con la antorcha encendida.

Mitología

Prometeo era un hijo de Jápeto y la oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y su poca perspicacia. Prometeo fue el creador del hombre. Cuando él y Epimeteo («retrospección») empezaron a hacer criaturas para poblar la tierra por orden de Zeus, Epimeteo prefirió la cantidad e hizo muchas criaturas, dotándolas con muchos dones que les había asignado para tal fin (piel, garras, alas y aletas, entre otros). Mientras su hermano hacía esto, Prometeo trabajaba cuidadosamente una criatura a semejanza de los dioses: un humano. Sin embargo, Prometeo tardó tanto en hacer su obra maestra que, cuando terminó, Epimeteo había usado ya todos los dones que Zeus les diera. Prometeo sintió pena de su creación, viéndola tiritar en las frías noches de invierno, y decidió robar el fuego de los dioses después de que Zeus no estuviese de acuerdo con su idea de ayudar a los humanos. Trepó el monte Olimpo y robó fuego del carro de Helios (en la mitología posterior, Apolo) o de la forja de Hefesto, llevándoselo en el tallo de un hinojo, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse. En otras versión (notablemente, el Protágoras de Platón), Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, llevándose también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionando de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida. Para aplacar a Zeus, Prometeo dijo a los humanos que quemasen ofrendas a los dioses. Con este fin sacrificó un gran toro. Cuando los dioses olieron las ofrendas, Prometeo urdió un engaño: escondió la carne bajo una capa de huesos y tendones, cubriendo el resto de huesos con apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la «carne» que comerían los dioses. Zeus eligió el plato de huesos, y Prometeo se quedó con el plato de carne para sí mismo y los mortales. Para castigar a Prometeo por su hibris (y al mismo tiempo a toda la humanidad), Zeus se llevó el fuego de la tierra. hibris. (Rijksmuseum)]] Para vengarse de Prometeo por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió a Prometeo, junto la caja que le había regalado Hermes como dote, y que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Prometeo sospechó y no quiso tener nada que ver con Pandora, alegando que era estúpida (al carecer de previsión), por lo que ésta fue enviada a Epimeteo, quien se casó con ella a pesar de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses. Pandora terminaría abriendo la caja, a pesar de las indicaciones en contra de Epimeteo. Zeus se enfureció aún más al ver cómo Prometeo se libraba de Pandora, e hizo que le llevaran al monte Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche. Este castigo había de durar 30.000 años, pero a los 30 años Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y le liberó disparándole una flecha al águila. Este vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, que era hijo de Zeus. Prometeo fue invitado a volver al Olimpo, aunque debía llevar con él la roca a la que fue encadenado. Fue padre de Deucalión con Celeno. Epimeteo, el esposo de Pandora, era su hermano.

Relación con otras mitologías

En la mitografía, Prometeo puede ser clasificado entre los dioses tramposos, como Loki en la mitología nórdica, quien análogamente es un gigante más que un dios, está asociado con el fuego, y fue castigado a ser encadenado a una roca y atormentado por un animal (una víbora que le arrojaba veneno). Algunos creen que el tema se tomó prestado de la saga de Nart de los pueblos del Cáucaso, aunque las analogías con Loki parecen reveler una fuente indoeuropea más antigua.

El complejo de Prometeo

En el psicoanálisis, el mito de Prometeo se considera relacionado con la metáfora de la contribución al conocimiento de los hombres. Los psicoanalistas hablan del «complejo de Prometeo», una perpetua búsqueda del conocimiento, y admiten que también se trata del complejo de Edipo de la vida intelectual.

El mito prometeico en la cultura

complejo de Edipo (Nueva York, EE.UU.)]] La historia de Prometeo ha inspirado a muchos autores a lo largo de la historia para referirse a la osadía de los hombres de hacer o poseer las cosas divinas, y los románticos vieron en él un prototipo del daimon o genio natural. Algunas de las obras de dichos autores son:
- Prometeo encadenado, atribuido a Esquilo (525-456 adC).
- Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley.
- Prometeo, cuadro de Dirck van Baburen.
- Prometeo, poema de Johann Wolfgang von Goethe.
- Prometeo, poema de Lord Byron.
- Prometeo desencadenado, obra teatral con diálogo en verso de Percy Bysshe Shelley (1819).
- Prometeo, poema de Thomas Kibble Hervey (1832).
- Prometeo: El poema del fuego, poema orquestal de Alexander Scriabin (1910)
- Prometeo, ópera de Carl Orff.
- Prometeo, poema sinfónico nº 5 de Franz Liszt.
- Prometeo, suite de Luigi Nono (1992)
- Die Geschöpfe des Prometheus, op. 43 de Ludwig van Beethoven.
- Prometeo, largometraje de Tony Harrison (1998) con diálogo en verso que relaciona el mito con el declive industrial.
- Prometheus - The Discipline of Fire & Demise, disco de black metal conceptual de Emperor (2001).
- Prometea, serie de cómics de Alan Moore y J. H. Williams III que actualiza el mito al siglo XXI (Prometea no trae el fuego sino la inspiración). Prometeo es ampliamente parodiado en la serie de novelas Mundodisco de Terry Pratchett, principalmente a través del afectuosamente recordado Dedos-Mazda, normalmente considerado el primer ladrón del mundo (aunque en realidad sólo fue el primer ladrón humano), quien robó el fuego de los dioses pero fue incapaz de llevárselo porque estaba demasiado caliente, pero también a través del héroe popular y semidiós troll Monolito, quien robó el secreto de la piedra de los dioses mucho antes de la aparición de Mazda. Aparentemente el secreto de la piedra es que si tomas una puedes golpear a alguien con ella, un hecho celosamente guardado por los dioses. El Rockefeller Center de Nueva York es un altar virtual dedicado a Prometeo. Su estatua dorada se erige en la cabecera de la fuente central, con líneas de Esquilo inscritas debajo. La Sociedad Libertaria Futurista concede anualmente el premio Prometeo a la mejor novela libertaria.

Enlaces externos


- [http://homepage.mac.com/cparada/GML/Prometheus1.html Greek Mythology Link - Prometheus] (inglés)
- [http://www.theoi.com/Titan/TitanPrometheus.html Theoi Project - Prometheus] (inglés) Categoría:Titanes Categoría:Dioses del fuego ja:プロメテウス ko:프로메테우스 (신화)

Epimeteo

Era hijo del titán Jápeto y de la oceánide Clímene (hija de Océano y de Tetis), y hermano de Prometeo, Atlas y Menecio. A diferencia de su hermano Prometeo (quien podía ver el futuro), este veía con retraso cosas que ya habían acontecido. Unido a Pandora, tuvo una hija, Pirra la roja, que unida a Deucalión (hijo de Prometeo) fueron los padres del género humano tras el diluvio. Categoría:Titanes ja:エピメテウス

Titanomaquia

En la mitología griega, la Titanomaquia fue la guerra que enfrentó a los Titanes (luchando desde el monte Otris, donde habitaban) y los Olímpicos. Se la conoce también como la Batalla de los Titanes o la Guerra Titánica. La guerra le fue predicha a Crono por Gaia y Urano, pues éste había rehusado restablecer la justicia tras haber destronado a su padre. Los Titanes fueron encabezados por Crono e incluían a Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe, Tetis, Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio. Los Olímpicos eran guiados por Zeus e incluían a Hestia, Deméter, Hades, Poseidón, los Hecatónquiros, los Gigantes y los Cíclopes. Habiendo logrado la victoria tras diez años de guerra, los Olímpicos dividieron el botín entre ellos, otorgando el dominio del cielo a Zeus, el del mar a Poseidón, y el del inframundo a Hades. Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro. Sin embargo, dado que durante la guerra las Titánides (es decir, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis) habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Los Hecatónquiros quedaron montando guardia sobre ellos hasta que, con el tiempo, Zeus los liberó a todos salvo a Atlas. Categoría:Mitología griega ja:ティタノマキア

Hades

En la mitología griega Hades, Haides o Aides (en griego Άδης o Άιδης, «invisible») es tanto la morada de los muertos en la Grecia antigua como el dios de dicho inframundo. La palabra hacía originalmente referencia sólo al dios; Haidou, su genitivo, era una abreviatura para «la casa de Hades» y finalmente el nominativo llegó también a significar la morada de los muertos. (Una palabra hebrea relacionada, She'Ol, alusiva a la morada de los muertos también significa literalmente «invisible».) Su equivalente en la mitología romana era Plutón (del griego Πλουτων Plouton, «riqueza»), Dis Pater u Orcus. Se correspondía en la mitología etrusca con Aita. «Hades» es a veces usado por los cristianos como un eufemismo clasicista para referirse a su infierno, que por lo demás tiene poco en común con el Hades.

Hades: el lugar

Había varias secciones en el Hades, incluyendo los Campos Elíseos (en contraste con el Paraíso o Cielo cristiano) y el Tártaro (similar al Infierno cristiano). Los mitógrafos griegos no son totalmente consistentes sobre la geografía de la otra vida. Un mito sobre la Vida Eterna completamente opuesto se refiere a al Jardín de las Hespérides, con frecuencia identificado con las Islas de la Bendición. En la mitología romana, una entrada al Inframundo estaba localizada en el Averno, un cráter cercano a Cumas que fue la ruta usada por Eneas para descender a él. Por sinécdoque, «Averno» puede usarse como referencia a todo el inframundo. Los Inferi Dii eran los dioses romanos del inframundo. Los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían bajo la lengua del difunto sus piadosos familiares. Los indigentes y los que no tenían amigos ni familias se reunían para siempre en la orilla cercana. El otro lado del río era vigilado por Cerbero, el perro de tres cabezas derrotado por Heracles (Hércules para los romanos). Más allá de Cerbero, las sombras de los difuntos entraban en el Tártaro, la tierra de los muertos. Los cinco ríos del Hades eran Aqueronte, Cocito, Flegetonte, Lete y Estigia. El Erídano era también considerado un río del Hades por Virgilio (VI, 659). La primera región del Hades comprendía los Campos de Asfódelos, descritos en La Odisea XI, donde las almas de los héroes vagan abatidas entre espíritus menores, que gorjean a su alrededor como murciélagos. Sólo la ofrenda a ellos de libaciones de sangre en el mundo de los vivos pueden despertarlos durante un tiempo a las sensaciones de humanidad (compárese con los vampiros). Más allá quedaba el Érebo, que puede usarse como un eufemismo para el Hades, cuyo nombre era temido. Había en él dos lagos: el de Lete, a donde las almas comunes acudían para borrar todos sus recuerdos, y el de Mnemósine («memoria»), de donde los iniciados en los Misterios preferían beber. En el antepatio del torvo palacio de Hades y Perséfone se sentaban los tres jueces del Inframundo: Minos, Radamanto y Éaco. Allí, en el trivium consagrado a Hécate, donde los tres caminos se encontraban, las almas eran juzgadas, volviendo a los Campos de Asfódelos si no eran virtuosas ni malvadas, enviados al camino del tenebroso Tártaro si eran impías o malas, o al Elíseo con los heroicos o los benditos.

Hades: el dios

En la mitología griega, Hades (el «invisible»), el dios del inframundo, era un hijo del Titán Crono y Rea. Tenía tres hermanas mayores, Hestia, Deméter y Hera, así como dos hermanos menores, Poseidón y Zeus. Juntos constituían la mitad de los dioses olímpicos. Tras hacerse adulto, Zeus logró obligar a su padre a que regurgitase a sus hermanos. Tras ser liberados, los seis jóvenes dioses, junto con los aliados que fueron capaces de lograr, desafiaron el poder de sus padres y tíos en la Titanomaquia, una guerra de dioses que duró diez años y terminó con la victoria de los jóvenes. Tras esta victoria Hades y sus dos hermanos menores, Poseidón y Zeus, echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo, el reino invisible al que los muertos van tras dejar el mundo. Metafóricamente, cada uno recibió un objeto: Zeus una lanza de truenos, Poseidón un tridente y Hades un casco que proporcionaba invisibilidad al que lo llevara. Hades obtuvo su consorte definitivo, Perséfone, mediante artimañas, en una historia que conectaba los antiguos misterios eleusinos con el panteón olímpico. En muchos de los tratados de mitología griega no se afirma que Hades y Perséfone tuvieran descendencia. Sin embargo, en otros se dice que son los padres de las Erinias: Tisífone, Mégara y Alecto. Hades reinaba sobre los muertos, con la ayuda de demonios sobre los que tenía completa autoridad. Prohibió estrictamente a sus súbditos abandonar sus dominios, y se enfurecía bastante cuando alguien intentaba abandonarlos, o si alguien intentaba robarle alguna de sus presas. Aparte de Heracles, las únicas personas vivas que se aventuraron en el Inframundo fueron todas héroes: Odiseo, Eneas (acompañado por la Sibila), Orfeo y Teseo. Ninguno de ellos estuvo especialmente satisfecho con lo que presenciaron en el reino de los muertos. En particular, el héroe de la guerra de Troya Aquiles, a quien Odiseo se encontró en el Hades (aunque algunos creen que Aquiles habita en las Islas de la Bendición), dijo: :«No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir como mercenario a otro antes que ser el señor de los muertos que han perecido.» ::—Alma de Aquiles a Odiseo. Homero, La Odisea 11.488

Culto

Hades era un personaje temible para aquellos que aún vivían. Sin prisa por encontrarse con él, eran reticentes a prestar juramentos en su nombre. Para muchos, simplemente decir la palabra «Hades» ya era espantoso. De esta forma, se buscó un eufemismo para usar. Dado que los minerales preciosos venía de las profundidades de la tierra (es decir, del «inframundo» gobernado por Hades), se consideraba que tenía también el control de éstos, y se referían a él como Πλουτων Plouton («riqueza» en griego), de donde procede su nombre romano: Plutón. Sófocles explicaba el hábito de referirse al Hades como «el rico» con estas palabras: «el sombrío Hades se enriquece con nuestros suspiros y lágrimas». Además, se le llamaba Clímeno (Κλυμενος, «célebre»), Eubuleo (Ευβουλεος, «buen consejero») y Polidegmon (Ρολυδεγμων, «que recibe a muchos») e incluso Zeus Ctonio (Ζεύς Χθονιος, «dios del inframundo»). Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Formidable en la batalla, probó su ferocidad en la famosa Titanomaquia, la batalla que enfrentó a los Olímpicos con los Titanes y estableció el gobierno de Zeus. Debido a su personalidad oscura y morbosa no era especialmente apreciado por los dioses ni por los mortales. Su carácter es descrito como «virulento e inexorable» y de todos dioses él era con mucho el más odiado por los mortales. No era, sin embargo, un dios malvado, pues aunque era severo, cruel y despiadado, era no obstante justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, pero no era la Muerte: la personificación real de ésta era Tánatos. Cuando los griegos oraban a Hades, golpeaban sus manos con fuerza contra el suelo para asegurarse de que pudiera oírles. Animales negros, como ovejas, le eran sacrificados, y se cree que en algún momento incluso se le ofrecieron sacrificios humanos. La sangre de los sacrificios a Hades goteaba a un pozo para que pudiera llegar a él. La persona que ofrecía el sacrificio tenía que apartar su cara. Cada cien años se celebraban festivales en su honor, llamados los Juegos Seculares. El arma de Hades era un cetro de dos puntas, que usaba para destrozar todo lo que se cruzase por su camino o no fuera de agrado, igual que Poseidón hacía con su tridente. Esta enseña de su poder era un bastón con el que conducía las almas de los muertos hasta el mundo inferior. Sus pertenencias identificativas incluían un famoso casco, que le dieron los Cíclopes y que hacía invisible a cualquiera que lo llevase. Se sabía que a veces Hades prestaba su casco de la invisibilidad tanto a dioses como a hombres (como a Perseo). Su carro oscuro, tirado por cuatro caballos negros como el carbón, siempre resultaba impresionante y pavoroso. Sus otros atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés, la Llave del Hades y Cerbero, el perro de múltiples cabezas. Se sentaba en un trono de ébano.

Hades en el arte

Hades es raramente representado en el arte clásico, salvo en las representaciones del Rapto de Perséfone.

Hades en la mitología griega

Perséfone

La consorte de Hades, y reina arcaica del Inframundo por derecho propio, antes de que los Olímpicos helénicos se estableciesen, era Perséfone, presentada por los griegos como hija de Zeus y Deméter. Perséfone no se sometió a Hades voluntariamente, sino que fue raptada por éste mientras cogía flores con sus amigas. Hades amaba a Perséfone tan profundamente que no le permitió salir del inframundo. Su madre la echaba de tanto de menos que lanzó una maldición a la tierra, produciendo una gran hambruna. Hades engañó a Perséfone para que comiese seis semillas de granada, lo que hizo que no pudiese abandonar el inframundo ni con la ayuda de Zeus. Finalmente se alcanzó un acuerdo, con el dios mensajero Hermes haciendo de mediador: Perséfone pasaría la mitad del año con su madre, la diosa de la cosecha, y la otra mitad con Hades. (Una versión situaba a Perséfone con Hades durante un tercio del año y con Deméter los otros dos.) Los griegos creían que mientras Perséfone estaba con Hades, su madre la echaba tanto de menos que retiraba sus dones del mundo y venía el invierno. En la primavera, cuando Perséfone se reunía con su madre, Deméter hacía que la cosas crecieran de nuevo.

Orfeo y Eurídice

Hades sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero, cediendo a la tentación de mirar atrás, fracasó y volvió a perder a Eurídice, con quien sólo se reuniría tras su muerte.

Leuce y Mente

Como su hermano Zeus y otros dioses antiguos, Hades no era el más fiel de los maridos. Persiguió y amó intensamente a la hermosísima ninfa infernal Mente. Una vez, su esposa Perséfone los encontró juntos y, presa de un ataque de celos, lanzó furiosa a la ninfa al suelo y la pisoteó. Hades transformó sus restos en la planta de la menta para que Perséfone no pudiera tomar más represalias contra ella. Así mismo, la ninfa Leuce, a quien también había violado, fue metamorfoseada tras su muerte natural por Hades en un álamo blanco.

Teseo y Piritoo

Hades encarceló a Teseo y Piritoo, quienes habían prometido desposar a hijas de Zeus. Teseo eligió a Helena, la secuestró con la ayuda de Piritoo y decidió retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Piritoo eligió a Perséfone. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra, y viajaron al inframundo. Hades fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles.

Heracles

El último de los doce trabajos de Heracles fue capturar a Cerberos. Primero viajó a Eleusis para ser iniciado en los misterios eleusinos. Hizo esto para absolverse a sí mismo de la culpa por haber matado a los centauros y para aprender cómo entrar y salir vivo del inframundo. Encontró la entrada al inframundo en Tanaerum. Atenea y Hermes le ayudaron en la ida y vuelta del Hades. Heracles pidió permiso a Hades para llevarse a Cerberos. Hades accedió siempre que Heracles no le hiciese daño, aunque en algunas versiones, Heracles disparó una flecha a Hades. Cuando Heracles arrastró al perro fuera del Hades, pasaron por la cueva Aquerusia.

Otros usos de «Hades»

El Nuevo Testamento griego usa el término «hades» varias veces, con diversas connotaciones sobre la decadencia del cuerpo y el poder de la muerte, ninguna de ellas aplicable al Hades de la mitología griego, excepto en Lucas 16:23, donde sí es sinónimo de Infierno. En Dragones y Mazmorras, Hades es uno de los siete planos inferiores de existencia. Más comúnmente llamados los Yermos Grises, el plano es un lugar de enfermedad y corrupción, donde la propia tierra emana apatía y desesperación. Aunque el plano y sus habitantes son bastante peligrosos y malvados por sí mismos, Hades es especialmente arriesgado porque es el principal campo de batalla en la Guerra Sangrienta.

Hades en el neopaganismo

Actualmente muchos neopaganos, particularmente helenísticos en Estados Unidos, tienen una imagen de Hades que muchos considerarían Nueva Era. Hades, el más allá, es visto como un lugar del Limbo, conteniendo dominios para aquellos que son buenos, pero no lo suficiente para entrar en el Elíseo (en muchos aspectos el cielo) y dominios para aquellos que son malos, pero no lo suficiente para ser arrojados al Tártaro (en muchos aspectos el infierno). Muchos neopaganos creen que el dominio del Hades es donde todas las almas van para ser juzgadas por el dios Hades, quien se cree que tiene el Libro de la Vida que registra todos los actos de los mortales, buenos o malos. Se cree que el dios Hades es indiferente a cualquier forma de adoración y sacrificio, y totalmente carente de compasión o emociones hacia los mortales. A veces los neopaganos modernos creen que el dios Hades consulta a Temis y a Hiperión cuando decide el destino de un mortal. Si Hiperión considera que un mortal es malo, pero no merecedor de tortura eterna, las almas son arrojadas a las cuencas inferiores del Hades, a una existencia monótona y desagradable en la que pueden o no recibir castigos. Si Hiperión considera que un mortal es virtuoso, pero no merecedor de entrar al Elíseo, Hades permite al mortal vagar por los niveles superiores del Hades, lo que se cree que es parecido a la vida en la Tierra. Tras hacer las observaciones, Temis consulta a Hades, quien pasa a juzgar. Muchos neopaganos creen que el que se permita a un alma entrar al Elíseo o bien sea arrojada al Tártaro depende en buena parte de las observaciones de Hiperión sobre si los vicios y virtudes terrenales de cada cual tienen pesos despropocionados. Por ejemplos, algunos creen que un conjunto de balanzas (portadas por Temis) se inclina con cada observación, y lo lejos que quede de su punto de equilibrio determina que uno sea recompensado o castigado, y la subsecuente severidad del castigo o la grandeza de la recompensa.

Enlaces externos


- [http://www.theoi.com/Khthonios/Haides.html Theoi Project - Haides] (inglés)
- [http://homepage.mac.com/cparada/GML/Hades.html Greek Mythology Link - Hades] (inglés)

Mapas del Hades


- [http://homepage.mac.com/cparada/GML/000Spanish/MapaMundoSubterraneo.html Mapa en Greek Mythology Link]
- [http://www.thanasis.com/undrmapr.jpg Mapa en www.thanasis.com] (inglés)
- [http://virgil.org/maps/images/cumae.gif Mapa en virgil.org] (inglés) Categoría:Dioses olímpicos Categoría:Dioses de la muerte Categoría:Lugares de la mitología griega ja:ハデス

Categoría:Titanes

categoría:Mitología griega Categoría:Personajes de ficción

John Montacute, 3rd Earl of Salisbury

John Montacute, 3rd Earl of Salisbury (c. 1350- January 5, 1400) was an English nobleman, one of the few who remained loyal to Richard II to the very end. He was the son of Sir John Montacute and Margaret de Monthermer. His father was the younger brother of William Montacute, 2nd Earl of Salisbury. His mother was the granddaughter and heiress of Ralph de Monthermer. As a young man Montacute distinguished himself in the war with France, and then went to fight against the pagans in Prussia, probably on the expedition led by the Henry Bolingbroke (the future Henry IV of England). He was summoned to parliament in 1391 as Baron Montacute. Montacute was a favorite of the king during the early years of the reign of Richard II. He accompanied the king during his expeditions to Ireland in 1394 and 1395, and as a privy councilor was one of the principal advocates of the king's marriage to Isabella of Valois. During the trips to France associated with the marriage he met and encouraged Christine de Pisan, whose son was educated in the Montacute household. With the death of his mother around this time he inherited the barony of Monthermer and its estates. Montacute was a prominent Lollard, and was remonstrated by the king for this. In 1397 he became Earl of Salisbury on the death of his uncle. He continued as one of the major aristoratic allies of the king, helping to secure the fall of the Duke of Gloucester and the Earl of Warwick. He persuaded the king to spare the life of Warwick. He received a portion of the forfeited Warwick estates, and in 1399 was made a Knight of the Garter. Early in 1400 he went to on a successful mission to France to prevent the proposed marriage of Henry Bolingbroke and a daughter of the Duke of Berry. In May he again accompanied Richard II on an expedition to Ireland. When news reached them of that Bolingbroke had returned to England, Montacute was sent to Wales to raise opposing forces. When these deserted Montacute advised Richard to flee to Bordeaux. Instead Richard was imprisoned, Henry took the throne, and in October Montacute was arrested along with many of Richard's former councilors, and held in the Tower of London. Montacute had to answer charges related to the arrest and subsequent death of the duke of Gloucester in 1397. Eventually he was released, due to the intercession of king Henry's sister Elizabeth, Countess of Huntingdon. Not long after his release Montacute joined with the Earl of Huntingdon and others in a plot to kill king Henry and restore Richard II. After the plot failed he was caught and executed. His eldest son Thomas eventually recovered the earldom, though the attainder against John Montacute was not reversed until the accession of Edward IV in 1461. Montacute married Maud Francis, daughter of Adam Francis, who was a citizen of London. Salisbury, John Montacute, 3rd Earl of Salisbury, John Montacute, 3rd Earl of Salisbury, John Montacute, 3rd Earl of Salisbury, John Montacute, 3rd Earl of

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